El pasado domingo 5 de julio una bomba estalló junto a la catedral de la Inmaculada Concepción en Cotabato, Filipinas. El artefacto, que estalló cuando los feligreses asistían a la Santa Misa presidida por el arzobispo de Cotabato, provocó la muerte de seis personas e hirió a más de cuarenta.
Aunque todavía se desconoce la autoría del atentado, se sospecha que éste haya sido perpetrado por un grupo terrorista extremista islámico.
El Santo Padre, Benedicto XVI, ha condenado el acto terrorista con las siguientes palabras, pronunciadas tras el rezo del Ángelus el domingo:
“Expreso mi más profunda deploración por el atentado llevado a cabo esta mañana en Cotabato, en Filipinas, donde la explosión de una bomba ante la catedral, durante la celebración de la Misa dominical ha causado algunos muertos y numerosos heridos, entre los que hay mujeres y niños”.
“Mientras rezo a Dios por las víctimas del innoble gesto, elevo mi voz para condenar una vez más el recurso a la violencia, que nunca constituye una vía digna para solucionar los problemas existentes”.