El Santo Padre Benedicto XVI se ha dirigido a los cristianos de Roma y del mundo entero en este pasado 12 de abril, Domingo de Resurrección para anunciar que la resurrección de Cristo es nuestra esperanza.
Una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre: ¿qué hay después de la muerte? tiene ya respuesta: “la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa”. Y “nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso”.
“Desde la aurora de Pascua una nueva primavera de esperanza llena el mundo; desde aquel día nuestra resurrección ya ha comenzado, porque la Pascua no marca simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús ha resucitado, no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque Él mismo vive en nosotros y en Él ya podemos gustar la alegría de la vida eterna”.
”Por tanto, la resurrección “no es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba.”
El Santo Padre ha puesto de manifiesto cómo “el anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos”, particularmente el materialismo y el nihilismo, esa visión que “se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana”. “Si Cristo no hubiera resucitado, el "vacío" acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria”…
“Pero, precisamente hoy, irrumpe con fuerza el anuncio de la resurrección del Señor”. “Todo se ha renovado en la mañana de Pascua.” “Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta. Ésta es la novedad. Una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió a lo santos.”
Narrando el encuentro de san Pablo con Jesús resucitado y su conversión, el Santo Padre nos invita a que la enseñanza y ejemplo de san Pablo “nos impulsen a buscar al Señor Jesús. Nos animen a confiar en Él, porque ahora el sentido de la nada, que tiende a intoxicar la humanidad, ha sido vencido por la luz y la esperanza que surgen de la resurrección.”
“Ya no es la nada la que envuelve todo, sino la presencia amorosa de Dios”.
Benedicto XVI ha hablado también de los sufrimientos del mundo. Haciendo alusión a su reciente viaje apostólico a Camerún y Angola, donde, como ha recordado, el pueblo africano lo ha recibido con gran entusiasmo y dispuesto a escuchar, ha declarado que “África sufre enormemente por conflictos crueles e interminables, a menudo olvidados, que laceran y ensangrientan varias de sus Naciones, y por el número cada vez mayor de sus hijos e hijas que acaban siendo víctimas del hambre, la pobreza y la enfermedad”.
Hablaba también de Tierra Santa, donde tendrá la alegría de ir dentro de algunas semanas. Decía que “la difícil, pero indispensable reconciliación, que es premisa para un futuro de seguridad común y de pacífica convivencia, no se hará realidad sino por los esfuerzos renovados, perseverantes y sinceros para la solución del conflicto israelí-palestino”.
“Luego, desde Tierra Santa, la mirada se ampliará a los Países limítrofes, al Medio Oriente, al mundo entero. En un tiempo de carestía global de alimentos, de desbarajuste financiero, de pobrezas antiguas y nuevas, de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver la esperanza.”
Ante este panorama, el Santo Padre ha hecho un llamamiento a los hombres y mujeres del mundo, para que nadie se arredre en esta batalla pacífica comenzada con la Pascua de Cristo pues, aunque el mal ya ha sido arrancado de raíz por Cristo en su Pascua y la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, todavía quedan demasiados signos de su antiguo dominio. Así, Cristo necesita “hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor.”
Benedicto XVI ha manifestado que “la Iglesia proclama esto hoy con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta”.
Por último, el Santo Padre decía: “hoy la Iglesia canta "el día en que actuó el Señor" e invita al gozo. Hoy la Iglesia ora, invoca a María, Estrella de la Esperanza, para que conduzca a la humanidad hacia el puerto seguro de la salvación, que es el corazón de Cristo, la Víctima pascual, el Cordero que "ha redimido al mundo", el Inocente que nos "ha reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre". A Él, Rey victorioso, a Él, crucificado y resucitado, gritamos con alegría nuestro Alleluia”.