El pasado 3 de febrero, Monseñor Bertone, secretario de Estado del Vaticano, llegó a España acompañado del nuevo prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Antonio Cañizares, respondiendo así a la invitación de la Conferencia Episcopal Española, para pronunciar una conferencia sobre “Los derechos humanos en el magisterio de Benedicto XVI”.
Monseñor Bertone ha llegado a España en un período especialmente cruento de la batalla que los derechos fundamentales están librando actualmente en nuestro país. En los últimos tiempos (y de manera muy acentuada en las últimas semanas) estamos asistiendo a esta batalla, que se muestra en forma de fallo del Tribunal Supremo negando el derecho de los padres a dar a sus hijos la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones cuando éstos defienden la objeción de conciencia frente a la adoctrinadora asignatura de Educación Para la Ciudadanía.
Esta batalla que se muestra en las nuevas (aunque copia de antiguas) políticas sexuales: el Ministerio de Sanidad ha puesto en marcha una nueva campaña para fomentar las relaciones sexuales dirigida a niños de entre diez y dieciocho años, conocida popularmente como el "rap del condón”, que pretendía mejorar la ya puesta en marcha hace 20 años “Póntelo, pónselo”, cuyas terribles consecuencias estamos viendo ahora y que sin duda aumentarán con la reciente “mejora”.
Esta batalla que se expresa en la “Proposición No de Ley sobre procedimiento para dejar de pertenecer de manera expresa a las confesiones religiosas”, la presentación de otra iniciativa para eliminar los símbolos religiosos de las ceremonias de acatamiento y promesa de cargos y funciones públicas, el debate sobre la revisión y denuncia de los acuerdos del Estado con la Santa Sede, espeluznantes sentencias sobre crucifijos ( porque claro, todos sabemos que es el símbolo de la violencia y la intolerancia y por eso hay que quitarlos de las escuelas), campañas de autobuses ateos en grandes ciudades, la propuesta para crear una comisión para estudiar la eutanasia, continuos y reiterados ataques a la familia y al matrimonio …
A lo citado anteriormente, se añadiría además la reforma de la ley del aborto que el gobierno llevará a cabo basándose en un informe sobre el tema creado por una comisión de expertos (entre los que se encuentran empresarios de la industria del aborto) que se inclinan por elaborar una ley que permita abortar libremente en España en torno a las 14 primeras semanas de gestación y más allá de este plazo alegando un supuesto caso "de grave peligro para la vida o la salud de la embarazada y de graves anomalías físicas o psíquicas en el feto". Todo ello, claro, convertido en una prestación sanitaria más de la sanidad pública.
Y, cómo no, acompañado todo lo anterior por continuos e injustos ataques a la Iglesia Católica. Nos preguntamos el porqué de estos ataques.
Me refería antes a una batalla. Una batalla que se libra entre los espeluznantes acontecimientos que llevan a Occidente al desastre de manera aparentemente irremediable en una espiral de relativismo moral, pérdida de sus valores y olvido de sus raíces más profundas en pos de un supuesto “progreso” que no se puede entender como tal, pues daña gravemente la dignidad del ser humano en todas la fases de su existencia; entre lo recién nombrado y los colectivos sociales que se oponen a ello. Que se han percatado de la gravedad de los asuntos que nos ocupan e intentan, como hemos dicho en repetidas ocasiones, despertar a una sociedad que duerme, aquejada de una grave enfermedad. Pues, ¿qué se puede decir si no de una sociedad que duerme mientras se le arrebatan su libertad y sus derechos, mientras se la manipula y se le miente sobre la verdadera condición de TODOS Y CADA UNO DE SUS INDIVIDUOS, mientras los más débiles en ella sufren y mueren?
Desgraciadamente, quienes intentan despertarla se topan con feroces ataques, muros y maldades, injusticias y prejuicios, mentiras, incomprensiones, insultos y, sobre todo, con intentos de desacreditarles y de acallar su voz.
¿Se callarán por ello los valientes que defienden la verdad del hombre y su dignidad? ¡No! ¿Se resignarán a dejar de anunciar la Verdad a un mundo parece que se niega a escucharla? ¡Nunca! Aunque sufran todo lo nombrado anteriormente. Más aún, si tienen su esperanza puesta en Aquél que nos salvó, ¿de qué han de preocuparse? Cumplirán su misión de anunciar al mundo la Buena Noticia, la Verdad, sin “adaptarla”, “modificarla” o “adecuarla” a los intereses del mundo, sino, por el contrario, siendo la luz que al mundo le falta. “Siendo para el mundo lo que para el cuerpo es el alma”.
En la maravillosa conferencia pronunciada por parte del Secretario de Estado del Vaticano (la cual pueden leer por entero en el siguiente enlace: http://www.conferenciaepiscopal.es/bertone/conferencia.html), se han tratado todos los temas anteriores, de una manera vigorosa y contundente, que no deja lugar a dudas. Extraemos a continuación algunos párrafos de la citada conferencia, lo cual ha sido difícil, dada la brillantez con que se han expuesto los temas que nos ocupan en todos ellos.
Respecto al relativismo moral y el positivismo jurídico…
(…) “Cuando el Magisterio de la Iglesia habla de los derechos humanos no se olvida de fundarlos en Dios, fuente y garantía de todos los derechos, ni tampoco se olvida de enraizarlos en la ley natural. La fuente de los derechos no es nunca un consenso humano, por notable que sea.”“No bastaría una interpretación positivista que redujera la justicia a legalidad, y entendiera así los derechos humanos como resultado exclusivo de medidas legislativas.” (…)
“En nuestros días, hay un proceso continuo y radical de redefinir los derechos humanos individuales en temas muy sensibles y esenciales, como la familia, los derechos del niño y de la mujer, etc. Debemos insistir en que los derechos humanos están “por encima” de la política y también por encima del “Estado-nación”. Son verdaderamente supranacionales. Ninguna minoría ni mayoría política puede cambiar los derechos de quienes son más vulnerables en nuestra sociedad o los derechos humanos inherentes a toda persona humana. Como enseña el Concilio Vaticano II, “la verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad.” (…)
Respecto a la defensa de la vida…
“La dignidad humana es como la piedra angular de todo el edificio de la Declaración Universal” (…) “La dignidad del ser humano, el tema clave de toda la doctrina social de la Iglesia, implica, entre otras cosas, el respeto a la vida desde su concepción hasta su ocaso natural”. (…) “El cristiano debe amar y desear la vida, como camino hacia Dios. Benedicto XVI, en la Jornada por la Vida de la Conferencia Episcopal Italiana, recordaba que “La vida, que es obra de Dios, no debe negarse a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso y mucho menos si presenta graves discapacidades”. Por lo mismo, no podemos “caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta legitimar su interrupción, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana. Por tanto, es necesario defenderla, tutelarla y valorarla en su carácter único e irrepetible”. (…)
“En este sentido, habría que recordar, junto a tantos investigadores y científicos, que las nuevas fronteras de la bioética no imponen una elección entre la ciencia y la moral, sino que más bien exigen un uso moral de la ciencia.” (…)
Respecto a la familia y la educación…
“Nunca podrá olvidarse que la familia es la fuente fecunda de la vida, el presupuesto primordial e irremplazable de la felicidad individual de los esposos, de la formación de los hijos y del bienestar social, así como de la misma prosperidad material de la nación”. (…) “La Iglesia proclama que la vida familiar está fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, unidos por un vínculo indisoluble, libremente contraído, abierto a la vida humana en todas sus etapas, lugar de encuentro entre generaciones y de crecimiento en sabiduría humana.” (…)
“Es a la familia, y más concretamente, a los padres, a quienes compete por derecho natural la primera tarea educativa, y a los que se debe respetar el derecho a elegir la educación para sus hijos acorde con sus ideas y, en especial, según sus convicciones religiosas. Sobre el particular y, en concreto, sobre la enseñanza religiosa en la escuela, Benedicto XVI ha destacado que es “un derecho inalienable de los padres asegurar la educación moral y religiosa de sus hijos”. (…)
Respecto a la libertad religiosa…
“El Estado democrático no es neutral respecto a la libertad religiosa misma, sino que, al igual que respecto a las demás libertades públicas, ha de reconocerla y crear las condiciones para su efectivo y pleno ejercicio por parte de todos los ciudadanos. Y justamente, en virtud de este respeto y apuesta positiva por la libertad religiosa, ha de ser, en cambio, absolutamente neutral respecto de todas las diversas particulares opciones que ante lo religioso los ciudadanos adopten en uso de esa libertad. Querer imponer, como pretende el laicismo, una fe o una religiosidad estrictamente privada es buscar una caricatura de lo que es el hecho religioso. Y es, por supuesto, una injerencia en los derechos de las personas a vivir sus convicciones religiosas como deseen o como éstas se lo demanden.” (…)
“En palabras del Santo Padre Benedicto XVI,“es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos —su fe— para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos”. Por lo demás, continuó el Santo Padre, “no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcción del orden social”. (…)
“Frecuentemente el principio de igualdad referido a las confesiones religiosas es entendido por algunos como uniformidad de tratamiento jurídico de esas por parte de la ley civil. No es una interpretación correcta: el principio de igualdad, en efecto, se vulnera si se tratan situaciones iguales de modo diverso, pero también si se tratan situaciones diversas de igual manera.”
“El principio de igualdad requiere por tanto que por parte del ordenamiento estatal haya una disciplina jurídica de las confesiones religiosas respetuosa con sus peculiaridades, teniendo también presente el arraigamiento cultural e histórico que cada una tiene en la sociedad” (…)
“La Iglesia, siguiendo los dictámenes de su propia doctrina social, argumentada a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano, “siente que tiene el deber —en palabras de Benedicto XVI— de despertar en la sociedad las fuerzas morales y espirituales, contribuyendo a abrir las voluntades a las exigencias auténticas del bien”. (…)
“El único objetivo de la Iglesia es servir al hombre, inspirándose, como norma suprema de conducta, en las palabras y en el ejemplo de Jesucristo, que “pasó haciendo el bien y curando a todos.” (…)
Así, el Cardenal Bertone finalizaba su conferencia con las palabras de Benedicto XVI, pronunciadas en el Ángelus del domingo 7 de diciembre de 2008:
“Para las poblaciones agotadas por la miseria y el hambre, para las multitudes de prófugos, para cuantos sufren graves y sistemáticas violaciones de sus derechos, la Iglesia se pone como centinela sobre el monte alto de la fe y anuncia: “Aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza” (Is 40, 11).