La película “Bella”, dirigida por Alejandro Monteverde y
protagonizada por el actor mejicano Eduardo Verástegui, fue estrenada en España
el 7 de noviembre del presente año.
Rodada en 23 días con un presupuesto de 2,3 millones de euros ha recaudado sólo en nuestro país más de un millón, que se añade a los 6,3 millones de euros recaudados en EEUU.
Ha recibido hasta ahora numerosos premios, entre los que destacan: el “Premio de Audiencia” en el festival de cine de Toronto, el “Premio al Mejor Actor” en los premios Movie Guide del 2008, el “Premio de Círculo de Directores de Cine de Hollywood” en “The Candlelight Forum”, la “Ola de Oro de los XIII premios cinematográficos Familia” (por unanimidad del jurado) y el prestigioso Premio Legacy del Smithsonian Institute’s Latino Center.
Hasta ahora, los datos hablan por sí mismos, y ante ellos no nos queda otra opción que preguntarnos cómo es posible que una película sin los recursos económicos que caracterizan a las grandes producciones haya conseguido llegar tan alto. Nos hace preguntarnos qué es ese “algo” que distingue a “Bella” de las demás. Ese “algo” que, de tan poco acostumbrados como estamos a verlo en la gran pantalla, habíamos llegado a creer que nunca más aparecería en ella.
Hablamos de la cultura de la vida.
A continuación intentaré hacer un análisis de la película sin desvelar la trama. (Cosa que me parece fundamental para el disfrute de la misma).
Para empezar, es una película conmovedora, pero sin ser una historia empalagosa y dulzona. Es, sencilla y llanamente, una muestra de la realidad, que mira de frente los problemas de la sociedad actual.
Los protagonistas son, como nos cuenta el propio Eduardo Verástegui, “dos almas heridas, que se encuentran en el camino de la vida y se sanan la una a la otra”, en medio de un ambiente hostil, representado por la ciudad de Nueva York.
El hilo conductor de la película es la defensa de la vida, desde el mismo instante de su concepción. Es una muestra gráfica del horror que palpita en nuestra sociedad, oculto tras las hermosas calles y parques de nuestras ciudades. Algo realmente preocupante, cuyos escalofriantes datos los hallamos en el último informe publicado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, según el cual el número de abortos se ha incrementado en un 10 % desde el pasado año. En “Bella” se nos muestra de manera gráfica la situación de estas jóvenes, que, tras quedarse embarazadas no tienen a quién acudir. Reciben todo tipo de presiones desde todos los ámbitos, a lo que se añade la desinformación, los recursos económicos, el empleo…todos ellos factores que las conducen a tomar la terrible decisión que todos conocemos, de la que se arrepentirán el resto de su vida, arrastrando graves secuelas psíquicas y físicas…
En “Bella” se aborda de lleno este problema social y humano, y se nos da una solución. Además, en ella se presenta cómo, ante esta situación, una segunda persona, con su apoyo, claridad de ideas, perfecta distinción entre bien y mal, marcha a contracorriente, palabras amables y delicadas, consejo sincero e incluso ofrecimiento de la propia vida, jugará un papel determinante en el posterior desarrollo de los acontecimientos. Estamos pues ante un testimonio esperanzador, ante un llamamiento a representar nuestro papel, plenamente conscientes de que la manera en que lo hagamos puede cambiar el mundo.
Otro de los temas tratados a lo largo de la película es la familia y su papel en la sociedad. Se nos presenta una familia unida y feliz, una relación verdadera de amor entre sus miembros (entre los hermanos, entre marido y mujer y entre padres e hijos), el apoyo que encuentra cualquier persona en su familia y el inmenso vacío que siente cuando ésta le falta… al fin y al cabo, una imagen veraz, nada que ver con la que de ella muestran numerosos medios de comunicación. Una relación familiar tan espontánea y cordial que no podemos menos que sonreír cuando la contemplamos.
Otro aspecto de la película que sin duda llama la atención y que nos hace pensar que nos encontramos ante un auténtico milagro es la visión que de la Fe se hace en ella, de manera tan cercana y natural que une de manera singular al espectador con los personajes. Por ejemplo, en la petición de intercesión, de ayuda, de socorro; una imagen que nos une al protagonista en la sala de espera de una clínica abortista en que, con inmensa angustia, empieza a rezar el rosario.
Otro aspecto de la película es la capacidad para romper ciertos esquemas que a veces formamos en nuestra mente, y que resultan injustos e irreales. Muestra, por ejemplo, la verdadera imagen de la inmigración: la de personas honradas y trabajadoras que se esfuerzan por ganarse el pan de cada día; una imagen del joven latino capaz de enamorarse de verdad ( no como lo presentan muchas veces en televisión); una imagen del personaje famoso que demuestra que serlo no implica ser inhumano, inaccesible y sin corazón…
Testimonia el amor, respeto y comprensión, algo que muestra como lo correcto y lo normal en el trato a los demás y hace ver que otra manera de actuar distinta a la que los personajes realizan no “encajaría”.
El perdón, la verdadera amistad, el reconocimiento de los propios errores, la humildad, la valentía, el esfuerzo… son también tema central de la película, que lo expresa con un lenguaje cinematográfico con alto contenido simbólico y con la inmejorable actuación de los actores, que bien merece una reseña especial.
En definitiva, podemos hablar de “Bella” sin temor a equivocarnos, como de una obra de arte destinada a abrirnos los ojos, a mostrarnos la realidad del mundo en que vivimos. Una hermosa y esperanzadora realidad.
A. Gracia